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Derechos Humanos, Igualad y no Discriminación como Principios de Deontología Jurídica

La conciencia de la dignidad humana es una constante en la tradición occidental como lo podemos constatar en una apretada síntesis, en cuatro de los principales momentos reflexivos de su historia. Para empezar en Grecia y Roma, la dignidad era una cualidad merecedora de aprecio  y estimación, nada más que reservada para unos pocos. De cualquier modo, y salvadas las particularidades de su tiempo, rescatamos entre muchas otras aportaciones culturales la Ética Nicomaquea de Aristóteles. 

En segundo lugar tenemos a las tradiciones judías y cristianas en las que la dignidad se aprecia en el vínculo religioso y se amplía la noción de virtud en la vida y pensamiento confesional. En el renacimiento el énfasis de la dignidad humana lo encontramos en la libertad. Ya hacia finales del siglo XV, Giovanni Pico della Mirándola, no exento de polémica en su tiempo, escribió su célebre Discurso sobre la Dignidad del Hombre[1]. Este último texto, que se ha convertido en clásico de la literatura filosófica occidental, contiene la formulación de tres de los ideales del renacimiento europeo: el derecho a la discrepancia, el respeto por las diversidades culturales y religiosas y, finalmente, el derecho al crecimiento y enriquecimiento de la vida a partir de la diferencia. En cuarto lugar tenemos que para la modernidad, y en especial Immanuel Kant, el ser humano es un fin en sí mismo y  no un medio. El ser humano es también para Kant autonomía y libertad.

 

[1]Cfr.  Picco della Mirándola, Giovanni, Discurso sobre la Dignidad del Hombre, Una Nueva Concepción de la Filosofía, Estudio preliminar, traducción y notas de Silvia Magnavacca, Argentina, Ediciones Vinograd, 2008.

 

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